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Arantzadi: un dechado de virtudes
Viernes, 28 de Febrero de 2014
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Arantzadi: un dechado de virtudes
Dice la RAE que “dechado” es un ejemplo, un modelo a imitar. Y esto es lo que hemos querido expresar en nuestro titular, con el que sin ninguna duda alabamos la gestión del parque hortícola de Arantzadi. Decimos esto de antemano para que nadie se lleve a equívoco y lea, de formaforma errónea, la palabra “desecho” (residuo despreciable) donde hemos querido poner, y hemos puesto, “dechado”.

Hablamos de virtudes, y de estas hay un sinnúmero. Tanto nuestro Ayuntamiento como la empresa Fundagro, que es quien gestionará el parque, han puesto sobre la mesa un elenco de aciertos que no podemos menos que catalogar en esteeste ditirambo.

En primer lugar, la exactitud. El 13 de diciembre pasado, Fundagro presentó su previsión de ingresos. En ella, con una precisión matemática, determinó en 9.027,63 los metros cuadrados de huerta disponible en el parque. Dos semanas después, el 26 de diciembre, los técnicos de la empresa establecieron la misma superficie en 7.144,45 metros. No acaba ahí su rigor topográfico, pues poco después explican cuántas huertas hay disponibles: 60. Y su tamaño: 100 metros cuadrados cadacada una. Hubimos de coger la calculadora para obtener unos sorprendentes 6.000 metros cuadrados en huertas. Un guarismo que no por redondo deja de coincidir exactamente con las otras cifras, ofrecidas por la gestora, de 7.144,45 y de 9.027,63.

Continuamos, pues alguien que habla de “dechado” de virtudes no se puedepuede limitar a reconocer solo una. En cuanto eche a andar, este parque será adalid de desarrollo de valores humanos indispensables como el compañerismo, la cooperación y la solidaridad. El agua de riego, que Fundagro recibirá de forma gratuita del río, entrará en este parque por un único contador. Y luego, todas las personas concesionarias pagarán a escote el consumo total del líquido elemento. ¿No es genial? La empresa concesionaria recibe el agua sin pagar, determina cuánto se consume en el complejo y luego, a partes iguales, los usuarios abonan de formaforma solidaria un precioprecio tan justo como equitativo.

Habrá quien piense que virtudes tan sublimes como las relatadas son suficientes para justificar el titular, percepción propia de alguien no familiarizado con los alardes de excelencia con que nos colma nuestro Ayuntamiento. Es de celebrar el empeño que han puesto en conseguir, también, un ahorro en burocracia. Así, quienes soliciten una huerta tendrán que llevar al Ayuntamiento el certificado de empadronamiento, además del justificante de que están al día con la hacienda local. Dos documentos que el Ayuntamiento, por otra parteparte, ya tiene. Suponemos que el procedimiento será el siguiente: se irá a las oficinas municipales, se sacarán esos dos justificantes, se saldrá por la puerta, se dará media vuelta y se entrará de nuevo la oficina municipal donde se depositarán esos dos justificantes en la misma ventanilla donde fueron solicitados. Y así se cumple con el sencillo trámite de recoger, reunir y devolver los papeles necesarios parapara solicitar una huerta.

Pero en este festival de bondades no puede faltar la puntería derivada del conocimiento social profundo de la ciudad. Es justo reconocer que las huertas, en Pamplona, son un ocio agradable. ¿Quién se atrevería a opinar distinto? El ciudadano medio de Pamplona, un domingo cualquiera sale de la saunasauna, coloca los palos de golf en el maletero de la ranchera, se sacude sus dockers y va a la huerta donde respira el aire puro del campo, abona los tomates y ejercita las lumbares al ritmo de la azada, con cuidado eso sí de no mancharse los mocasines. Luego el lunes, en la oficina, enseña las fotos de sus lechugas a sus subordinados, con quienes mantiene una relación de autoridad no exenta de cercanía y buen humor. ¿Acaso alguien ha pensado que hay gente en paro, o que algún grupo de personas hubiera tenido la idea de utilizar parte de ese suelo para cubrir necesidades básicas? Aquí esto no pasa.

No obstante, por si acaso hay alguien en esa situación en nuestra ciudad, que cosas más absurdas se han visto, los técnicos que han preparado el pliego han tenido una idea fantástica: cobrar 400 euros al año por cada huerta. De esta forma se evitan tentaciones de subsistencia o de uso indebido del patrimonio municipal. Con esta cuota se cubrirán, además, los siguientes gastos:

11.000 euros al año en un conserje que evitará robos en las verduras cuidadas con tanto mimo por las gentes de bien. Este conserje hará guardia durante dos horas al día, y presuponemos que llegará a un acuerdo con los posibles trileros para que no roben fuera de su horario, no sea que su figura se vuelva inútil.

Y 7.500 en cursos de formación parapara los hortelanos. 60 horazas al año. Habíamos pensado que esta útil actividad se llevaría a cabo solo durante el primer año, pero parece que se alargará durante toda la concesión. Nadie, ni el más sagaz soñador, habría considerado la posibilidad de que este parque contribuyera también a elevar el nivel cultural de la ciudadanía. Los hortelanos no solo obtendrán unos productos de primerísima calidad que no serán robados y que costarán caros porque lo bueno así lo vale, sino que además contarán con grado, postgrado y doctorado en huerta.

Como vemos, el proceso desborda virtudes. En este panegírico solo hemos sabido enumerar algunas, pero no dudamos de que haya otras que nos hemos dejado en el tintero. Como parteparte de la ciudadanía pamplonesa, solo nos queda esperar al día que se haga la recogida de la primera lechuga. Los medios de comunicación, el alcalde y todos los implicados en el proceso de gestión este parque de las virtudes presentes para el gran momento. El hortelano, con pericia propia de un experto pues ha sido formado por los mejores formadores, tronchará la hortaliza que espera lozana en ese suelo sin bacterias. La vestirá con la faja y el pañuelico rojos y la levantará victorioso hacia el sol que eternamente brilla en el cielo de nuestra ciudad. Toda la precisión matemática, la solidaridad y compañerismo, el ahorro de burocracia, el conocimiento social de la ciudad, la cultura, la capacidad de diálogo con los rateros, y la inversión de 400 euros y horas de sufrido ocio dominguero encarnados en esa maraña de hojas verdes que pronto será ingerida por una familia de las de bien. De esas que los domingos, después de misa, comparten mesa juntas, orgullosas de vivir en una ciudad que se preocupa por que a su ciudadanía nunca le falte de nada.


Edurne Eguino, concejala de Izquierda-Ezkerra en el Ayuntamiento de Pamplona; Teo Ronco y Raúl Ciriza, miembros de I-E Iruña.
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