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Propuesta sobre cierre de Garoña
Miércoles, 28 de Marzo de 2012
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Propuesta sobre cierre de Garoña
MOCIÓN DEL GRUPO MUNICIPAL DE IZQUIERDA-EZKERRA AL PLENO DEL AYUNTAMIENTO DE TUDELA SOLICITANDO EL CIERRE DE LA CENTRAL NUCLEAR DE SANTA MARÍA DE GAROÑA:

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

Entre los primeros acuerdos del nuevo ayuntamiento democrático de Tudela en 1979, estaba el de solicitar el cierre de la Central Nuclear de Santa María de Garoña. Recordemos que dicha central vierte sus aguas al río Ebro aguas arriba de la toma de agua potable de nuestra ciudad y del riego de nuestros campos.

Para promocionar la verdura de nuestras huertas, y su salubridad, tendremos que hacer algo para que el agua que las riega no esté contaminada con radiactividad o sobrecalentada por vertidos nucleares. Pero los posibles riesgos que para nuestra ciudad entraña una instalación como la Central Nuclear de Garoña, van más allá de los expuestos.  Hablamos de una central que estando en la cabecera del río Ebro ha sufrido, según numerosas denuncias de grupos ecologistas, problemas serios de estructura y corrosión en el reactor, que han deparado numerosos incidentes y accidentes en los últimos años. El debate sobre Garoña tiene un relato histórico y un contexto internacional que conviene recordar, más ahora en el primer aniversario de la catástrofe de Fukushima Daichii. Lo hacemos de la mano de un relato de ElPaís:

Coincidiendo con el 25º aniversario de Chernóbil se produjo el desastre de Fukushima Daiichi el 11 de marzo de 2011. El comprobar que ni la nación más avanzada tecnológicamente del mundo era capaz de controlar adecuadamente un accidente nuclear tan grave, hizo que Alemania, la principal economía europea, decidiese cerrar las siete centrales construidas con anterioridad a 1980 y consensuar en el Parlamento el cierre ordenado de las nueves restantes para 2022. Seguramente, nada expresa mejor el signo de los tiempos que Siemens, la multinacional que ha construido las centrales de Alemania y buena parte del resto del mundo, ha cerrado su división nuclear. Suiza, Bélgica e Italia han seguido la estela alemana, alejándose de la energía atómica.

Fukushima ha puesto asimismo al descubierto los costes ocultos de la tecnología nuclear. El Gobierno japonés se ha visto en la necesidad de facilitar a Tepco —la empresa propietaria de la central— 64.000 millones de dólares para hacer frente a las demandas de indemnización de las 89.000 personas desplazadas de sus domicilios y asegurar la continuidad de las labores de control y recuperación de la central destruida. El astronómico coste económico del accidente pasa así al bolsillo del contribuyente.
Refiriéndose a las similitudes en la gestión de riesgos en el sector financiero y en el nuclear, el premio Nobel de Economía Stiglitz lo ha expresado con una frase redonda: “Un sistema que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias está condenado a gestionar mal el riesgo” (Jugar con el planeta, EL PAÍS, 11-04-2011). Aviso para navegantes.
Un año después del desastre de Fukushima, el nuevo ministro de Industria, Energía y Turismo ha hecho pública recientemente su intención de revocar la Orden Ministerial por la que se establecía el cierre de la Central Nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) al año 2013 y su voluntad de que dicha central, la más antigua de España, prolongara su actividad hasta 2019, con lo que alcanzaría una vida útil de 48 años.

La Central Nuclear de Santa María de Garoña fue inaugurada en 1971, habiendo expirado en julio de 2009 su permiso de explotación y habiendo cumplido sus cuarenta años de vida útil precisamente en 2011. Se trata de una instalación obsoleta, que presenta graves problemas de seguridad en sus sistemas de suministro eléctrico, refrigeración y contención. Su diseño es gemelo del primero y más antiguo de los cuatro reactores nucleares accidentados en Fukushima (Japón) en marzo de 2011.
En julio de 2009, a instancia de la compañía propietaria de la central Nuclenor (constituida a partes iguales por Endesa e Iberdrola), que presentó la documentación necesaria para solicitar la extensión de su vida útil diez años más (hasta 2019), el Gobierno de Rodríguez Zapatero, previo informe del Consejo de Seguridad Nuclear, aprobó la prórroga de explotación de la central durante cuatro años más, hasta el 6 de julio de 2013. Como relata El Periódico: “España es de los pocos países donde la alarma despertada por Fukushima no ha supuesto un freno a la energía nuclear. Al contrario, ha dado un giro proatómico que se explica por la llegada al Gobierno del Partido Popular, una de cuyas primeras decisiones ha sido prorrogar la vida de la central de Garoña a pesar de que sus características son muy similares a las de la japonesa accidentada. Cuando el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero decretó que la planta burgalesa cerraría en el 2013, al cumplir los 42 años en funcionamiento, el que sería su sucesor, Mariano Rajoy, se apresuró a visitar la zona para prometer que cuando accediera al Gobierno revocaría la decisión. Así estaban las cosas antes de Fukushima.

 Un Gobierno socialista con una política energética ambigua con la que intentaba contentar tanto a los detractores como a los defensores de lo nuclear pero que dejaba insatisfechos a ambos y una oposición subida a la ola del renacimiento atómico.El siniestro de Japón radicalizó la postura antinuclear del PSOE, que se apresuró a prometer el cierre de todas las centrales al fin de su vida útil, estimada en 40 años, aunque ya no le quedaba margen para llevarlo a la práctica. Su última oportunidad la perdió al no cerrar Garoña en el 2011, cuando cumplía cuatro décadas, dejando abierta la puerta a que el PP le enmendara la plana. El accidente también obligó al PP a rectificar el rumbo, aunque solo de puertas afuera. Su apuesta pronuclear desapareció en las entrevistas, en los mítines y en el programa electoral, pero resurgió sin ningún complejo pocas semanas después de la toma de posesión de Rajoy.”

Por ello, la Coordinadora estal Antinuclear leía hace pocos días en un manifiesto, que “El accidente de Fukushima terminó de golpe con la promesa de una energía nuclear segura. Una vez más, una catástrofe nuclear puso de manifiesto la peligrosidad de obtener energía a través de la fisión del átomo. La energía nuclear es peligrosa. Lo hemos visto ya en demasiadas ocasiones como para seguir jugando a la ruleta rusa con una tecnología que no somos capaces de controlar con seguridad, como vimos en Fukushima. Todavía hoy en Japón se lucha contra las consecuencias del accidente. Los efectos de Fukushima se sentirán durante muchos años. A día de hoy 80.000 personas han sido desplazadas de sus hogares, en la zona de exclusión alrededor de la central nuclear. Mientras tanto en España el gobierno del PP, presidido por Mariano Rajoy, ha ratificado su clara apuesta por la energía nuclear. Entre sus primeras decisiones anunció su intención de alargar la vida de la central nuclear de Garoña (Burgos). Esta central es gemela del reactor número 1 de la central de Fukushima. Alargar la vida útil de Garoña supone priorizar el beneficio económico inmediato sobre la seguridad de las personas y del medio ambiente. Las víctimas del accidente de Fukushima nos han recordado estos días que algunas voces se alzaron para recordar la peligrosidad de la nuclear, pero no fueron escuchadas. Esperamos que en España no se cometa el mismo error, y por ello reclamamos al gobierno el cierre inmediato de la central nuclear de Garoña”
Según ha reconocido el propio Consejo de Seguridad Nuclear, la central de Garoña sufre un proceso de agrietamiento múltiple por corrosión que afecta a diversos componentes internos de la vasija del reactor (el verdadero corazón de la central nuclear, donde se alberga el combustible de uranio: el núcleo), lo que compromete seriamente la seguridad de la instalación. Este problema afecta al 70% de los tubos que atraviesan la vasija del reactor y por los que pasan a su interior las barras de control, que son el "sistema de frenado" de la reacción nuclear. Este agrietamiento empeora irreversiblemente con el tiempo.

La incertidumbre acerca de su seguridad afecta a varias poblaciones del entorno, y a todas las que nos abastecemos aguas debajo de sus vertidos, entre las que se incluye nuestra ciudad, Tudela, o Zaragoza, que ya ha adoptado acuerdos similares a los que proponemos.

Por todo ello, el grupo municipal de izquierda-ezkerra propone al Pleno del Ayuntamiento el debate y votación de las siguientes

PROPUESTAS DE ACUERDO:

1- Instar al Presidente del Gobierno español, Ministerio de Industria y al Consejo de
Seguridad Nuclear (CSN) a no ampliar la prorroga de concesión de explotación de la Central Nuclear de Santa María de Garoña (Burgos).

2- Instar al Gobierno Español a realizar un Plan de promoción socioeconómica de los pueblos del entorno de la Central de Sta María de Garoña tras el cierre de la misma.

2- Trasladar los acuerdos que resulten aprobados al Presidente del Gobierno Español, al Ministerio de Industria, al Consejo de Seguridad Nuclear, y a los medios de comunicación.

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