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Archivado en: Moción Censura
Los ejes del cambio
Martes, 2 de Abril de 2013
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Los ejes del cambio
Estos días ha aparecido en prensa la presentación de una moción de censura por parte de la IA. Se trata de un acto de propaganda, pues no tiene ninguna posibilidad de salir adelante al no contar con el apoyo del PSN como ya sabían sus promotores.

La convocatoria de nuevas elecciones es una petición razonable a tenor de la precariedad en la que se encuentra el gobierno de UPN. Es tan evidente que no requiere más argumentos.

También es muy evidente que “teóricamente” habría en la actualidad una mayoría parlamentaria (27 a 23) favorable a un gobierno de centro-izquierda. Bajo esta perspectiva ¿qué añadirían unas nuevas elecciones? ¿Incrementar esa mayoría hasta los 28 ó 29 parlamentarios? No debería ser esa, creemos, la preocupación central del bloque de centro-izquierda. Unas nuevas elecciones -con estar justificadas ante la precariedad del gobierno- no solucionan los problemas del bloque de izquierdas para constituir un gobierno alternativo a la derecha. No nos engañemos, el meollo del asunto es su incapacidad hasta ahora para lograr un acuerdo sobre los ejes imprescindibles del cambio y para tejer una alianza mínimamente sólida entre quienes han de materializar el cambio. No es un problema achacable a la pérfida derecha. Es un problema nuestro.

Primero, hace falta un acuerdo social. A diferencia del 2007 hoy el centro del cambio debe ser la creación de empleo, la protección social para las personas paradas, la asistencia a la gente más necesitada cuyo aumento es creciente. Y al mismo tiempo la defensa del Estado de Bienestar sin ceder un ápice a la política de privatización; lo cual exige hacer del mismo una entidad eficaz, impulsando mecanismos de evaluación, de control, de resultados, de exigencia frente a los intereses corporativistas o de otro tipo. Un acuerdo que se sitúe frente a los recortes generales de ámbito europeo y estatal hasta donde podamos y que renuncie a los recortes sociales en su parcela navarra.

Segundo, hace falta un acuerdo sobre un plan económico para Navarra. Un plan para salir de la crisis, para colocar adecuadamente a nuestra comunidad en el mundo globalizado y en la UE, para anticiparse a los problemas de Navarra en el futuro, para incorporar las novedades que surgirán en política económica tras una crisis tan descomunal como la actual con el fin de ampliar el bienestar general de la población. Es preciso defender otras pautas económicas que las desarrolladas por el modelo neoconservador y que han ocasionado una crisis tan desastrosa: la intervención del Estado o del gobierno autonómico  en la reactivación de la economía y en la creación de empleo; impulsar el desarrollo de la economía productiva con nuevos patrones de crecimiento sostenible; una fiscalidad justa y progresiva a escala europea; crear empleo mediante el desarrollo del Estado de Bienestar, una inversión masiva en energías y en tecnología verde; políticas especificas contra la pobreza y la exclusión social; recuperar una banca pública de ámbito navarro para impulsar el empleo, para propiciar el crédito a la pequeña y mediana empresa; avanzar en la democratización de las instituciones europeas, una regulación internacional del poder y de los movimientos financieros, un control democrático de la economía…

Hay que exigir responsabilidades. Es especialmente sangrante lo referente a prácticas corruptas, salarios o indemnizaciones de altos ejecutivos, sin responsabilidad de ningún tipo, con rescates a costa del erario público, etc. Y hay que oponerse a la política de beneficios para los más pudientes mediante especulaciones desorbitadas de los mercados financieros, privatización de los servicios públicos, la máxima mercantilización, precariedad e inseguridad laboral de las clases trabajadoras, el retroceso (buscado) en la distribución de la riqueza vía impuestos y no-prestaciones del estado de bienestar, el aumento de las desigualdades…

Para impulsar otra política económica es preciso crear un movimiento social en defensa del Estado de Bienestar, un movimiento de oposición muy amplio de las clases trabajadoras y con la perspectiva y la voluntad de conformarlo a escala europea; pues sin romper el actual muro de las políticas económicas conservadoras predominantes en la UE, el margen de maniobra a escala navarra se reduce mucho.

Lo social y la economía son centrales ahora para la ciudadanía. En ambas esferas se necesita desarrollar un potente plan de reformas.

Tercero, hace falta un acuerdo de bases comunes para la convivencia entre las gentes navarras con diferente sentimiento de pertenencia. Un gobierno de centro-izquierda plural en Navarra no puede tener como objetivo central abertzalizar nuestra comunidad ni tampoco españolizarla, sino buscar  la convivencia estableciendo unas bases comunes para la ciudadanía. Bajo unos criterios de integración, convivencia, no-frentismo, respeto mutuo, principio de la mayoría democráticamente expresada y respeto a los derechos de las minorías (por ejemplo, en el caso de la minoría vasquista aquí una mejora en campos como el euskara, los símbolos vasquistas y la cooperación estable con la CAV). Con unas reglas de juego acordadas para el tratamiento de las diferencias. Navarra necesita reforzar los elementos comunes de sus diferentes sensibilidades para ser una comunidad más cohesionada, con más calidad democrática.

Cuarto, hay que establecer unos acuerdos mínimos sobre ETA y sobre la vulneración de los derechos humanos por parte del Estado o de algunos de sus agentes. La columna vertebral es que ni ETA ni nadie en una democracia puede matar al otro para obtener réditos políticos. Y esta es la piedra de toque que le corresponde mover a la IA. Esto junto al reconocimiento del daño causado contribuiría a abordar mejor otros temas relacionados con la desaparición completa de ETA: relato, memoria, víctimas, presos, superación del déficit democrático a causa de ETA, saneamiento del sistema democrático que ha quedado deteriorado por los desmanes de la lucha antiterrorista... Tampoco el estado o algunos de sus agentes pueden vulnerar los derechos humanos, pues tales actuaciones son incompatibles con los principios del estado democrático de derecho.

Al exigir estas dos cosas no equiparamos a ETA y a las instituciones democráticas, pues no hay dos violencias equivalentes que haya que extirpar. ETA es una organización violenta que ha pretendido imponerse a la sociedad de modo antidemocrático mientras que las instituciones democráticas son legítimas, han sido elegidas por la ciudadanía y están obligadas a respetar los derechos humanos. En lo que sí debe haber equiparación es en los derechos que les asisten a todas las víctimas.

Esta cuestión pesa muy poco en la sociedad en comparación con la crisis, aunque interfiere de lleno en el acuerdo. Por eso, una autocrítica clara de la IA ayudaría mucho al acuerdo entre las izquierdas y a la solución de los problemas que ha acarreado la existencia de ETA. Y constituye, a nuestro juicio, una exigencia básica desde el punto de vista ético para cualquier izquierda.

Quinto, hace falta un acuerdo con un fuerte impulso ético y democrático. Estando en el poder conjugar ética y política es uno de los desafíos más difíciles de resolver bien. La tendencia innata de cualquier poder -sea de derechas o de izquierdas- es a la corrupción, al egoísmo particular o para los “nuestros”. Por esta razón, se requiere una lucha permanente y un control riguroso contra la corrupción. De igual forma, desde un hipotético gobierno de izquierdas, no puede haber revanchismo contra “los otros” ni gobierno sectario para los nuestros ni privilegios para las nuevas élites. Hemos de administrar el bien común para todas las personas, para las mayorías y para las gentes más desfavorecidas al margen de su identidad.

Asimismo, tenemos que recuperar el papel fundamental que desempeñó la izquierda en la lucha por el sufragio universal y por la democracia. Hay que mejorar las conquistas democráticas con más participación, con más democracia directa vía referéndum, con listas abiertas, con más capacidad de decisión real sobre los grandes problemas...

Con estos puntos señalados no pretendemos agotar las materias que debería abarcar un proyecto común a favor de una Navarra socialmente avanzada, moderna, democrática, cohesionada, integradora para sus diferentes sensibilidades nacionales, igualitaria para la mujer, imbuida de una cultura cimentada en los derechos humanos, progresista, sostenible, republicana, políticamente decente.


Milagros Rubio y Jesús Urra, miembros de Batzarre.


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